Confesiones

Siento vergüenza de mi misma. Sé que lo que siento no está bien. Cada día lo quiero más y guardo silencio para que la sociedad no me juzgue ni me llame ENFERMITA. Pronto no resistiré y tendré que confesarlo al mundo, porque además la gente se da cuenta, de pronto el deseo se apoderó de mi y he sucumbido a su encanto. Por eso hoy debo revelar mi secreto.

Quiero comer Gerber

Si, todo comenzó por accidente. Caminaba sin rumbo en el supermercado, cuando el destino me llevó al pasillo de bebés y en un arranque de nostalgia, decidí ver que había de nuevo en la comida para infantes. Lo que vi me dejó helada. Cuando yo era chica, las opciones eran carne y zanahoria, zanahoria con carne y zanahoria sin carne. Algo así, pero ahora los niños tienen opciones gourmet que incluyen lasagna, carnes en todas sus presentaciones, deliciosos juguitos y además igual que los gatos, tienen bocadillos, snacks y mil cosas más.

De inmediato revisé los ingredientes seguro de que sería una tomada de pelo aprovechándose que los bebés no saben leer y que la lasagna estaría hecha de glucosa, harina y agua. Grande sería mi sorpresa al ver que tenía queso, pasta, carne, albahaca, orégano y todos y cada uno de los ingredientes que tiene la lasagna para adultos, y así pasó con todo lo demás. Obviamente se me antojó, pero debí ser fuerte y controlarme. ¿Por qué yo no gocé de los mismos privilegios? ¿Era un pecado buscar los sabores que me habían sido negados en mi más tierna infancia? ¿Por qué yo tengo que masticarlo todo y para ellos es tan fácil? Como pude contuve el llanto y seguí mi camino.

Pero cuando vi los Gerbers, no pude más que retorcerme de la envidia ante lo afortunadas que eran las madres de hoy, que podían enseñar a sus niñas a saludar, a sentarse y a dar la patita sin batallar tanto como las pobres mujeres del siglo pasado. Y atormentada porque sé que nunca aprendí a a dar la patita ni nada, me compré mis papillas. Y si, son deliciosas. Y quiero más. Y caben perfecto en mi mano chiquita y regordeta. Y cuando las como casi ni babeo. Y tienen como un millón de calorías para que me ponga bien cachetona. Lo malo es que son muy poquitas

No me juzguen

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