Ultima Parada: Medellín.

Nuestro grupo de 4 había sido separado debido a un error al momento de reservar los pasajes para ir a Medellín por tanto nuestro amigo tenía una ventaja sobre nosotros de 6 horas. Ni bien llegó a MED nos envió un mensaje con el nombre y dirección del hostel donde nos íbamos a quedar. El aeropuerto de MED era conocido por nosotros así que nos sentíamos como en casa (sabíamos donde estaban los puntos wi-fi, los baños caletas, la jama, etc). Fuimos a la zona de taxis y entre las 3 pagamos 10mil pesos hasta el hostel (baratito nomá).

Medellín es una suerte de cerritos verdes y la gente con mas plata vive en los cerros. El camino del aeropuerto a la ciudad es muy paja, la carretera está como nueva, todo es verde, la señalización correcta y el clima es lo máximo. Lo que más nos emocionaba era el hecho de ir a la civilización (a la mierda con los balnearios). El barrio para quedarse en MED es El Poblado y el hostel en el que nos quedamos fue The Pit Stop (bleh!). Esa noche no hicimos mucho sólo salimos a caminar para recorrer la zona, ir a la estafa llamada “Pueblito Paisa” y conocer el famoso Parque Lleras (oh si oh Dios oh oh). Estábamos cansados con el viaje y agotados por el calor de días anteriores así que esa noche decidimos guardarnos temprano (ancianos). Los que tenían otra idea eran nuestros compañeros de habitación (nuevamente dorm para 12 personas) quienes salieron a juerguear y a disfrutar de su juventud. Antes de irse, uno de los gringos me pidió que le ayude a practicar unas frases de levante en español, un cague de la risa estos gringos pipilepticos.

Al día siguiente nos levantamos temprano para ir a la famosa Piedra del Peñol. Tomamos el metro hasta la estación de buses y luego compramos un ticket hacía Guatape (súper fácil). La idea de ir temprano era para poder regresar en la tarde a MED pero no teníamos contemplado que ese puto día cerrarían parcialmente la carretera por una competencia de ciclismo (ni los choferes del bus sabían) así que estuvimos atrapados en medio de la nada por 2 horas (FML).

Conforme nos acercábamos a la piedra del Peñol me entraba la duda si iba a poder subir a la cima. Definitivamente me hace falta hacer ejercicio. La piedra del Peñol tiene 740 escalones hasta la cima y es una cosa brutal. En el camino vas encontrando a todos los flojos que como tú se quedan sentados en los escalones para descansar y tomar aliento. Después de 50 minutos o más lo logré. La vista desde esa altura es espectacular así que el esfuerzo lo vale (pero nunca más lo volvería a hacer jajaja). El descenso es otra huevada (jajaja), compramos los recuerdos de ley y almorzamos como sajinos en celo. Antes de irnos de la zona hicimos una sesión fotográfica de 1 hora y la pasamos súper divertido (uno de los mejores momentos del viaje, muchas risas).

Llegamos al hostel de noche, nos bañamos (nos pusimos guapos) y salimos a conocer la movida nocturna. Nuestro primer punto (para los previos) era el Parque Lleras. El Parque no es gigante pero los bares que lo rodean son de puta madre y las calles aledañas a él, están infestadas de bares, discos, huecos, restaurantes, etc. Es conocido que la gente de Medellín siempre está bien vestida así que si quieres ir al Parque Lleras te recomiendo que vayas con tus mejores trapos o te sentirás fuera de lugar. Después de embriagarnos con la oferta de 3X1, fuimos al barrio Colombia para continuar con la gozadera. La disco elegida estaba en algo pero la música era detestable (sólo reggaeton). Las mujeres en MED son las mas bellas que he visto en todos mis viajes (ehmmm las polacas les dan batalla pero es otro tipo de belleza). Mi consejo para todos mis lectores masculinos es que vayan a MED, van a levantar flacas mil. Las chicas de MED no se hacen paltas si eres feo, el tema es que tengas billete para invitarles los tragos y captar su atención. Si no inviertes, viene otro chico y te la quita.

Nuestro último día en Medellín cayó Domingo, hicimos un poco de turismo por el centro y nos dedicamos a hacer compras. Los centros comerciales son gigantes, tipo Jockey Plaza pero con 6 niveles. En la noche la pasamos tranqui con nuestros compañeros del dorm, cantando y hueveando. Al día siguiente teníamos nuestro vuelo a las 2pm hacia Lima con escala en Quito y compartimos el taxi al aeropuerto con unos canadienses. Nuestros últimos momentos en Medellín la pasamos tomando martini y cantando rancheras.

De vuelta en el conocido aeropuerto dormimos en la sala de embarque hasta que nos tocó abordar. El viaje de regreso a casa no tuvo mayores complicaciones y para variar nadie me esperaba en Lima para recibirme (bueno con excepción del taxista).

Sobre este viaje a Colombia puedo concluir que, el Caribe es caluroso (jajaja) si alguna vez regreso tiene que ser a un resort y nunca mas mochileando. Medellin es como un Miraflores gigante pero no todo es belleza, el centro está lleno de locos y mendigos, en los cerros hay escaleras para el pueblo, tipo las escaleras de Castañeda pero estas son eléctricas. La comida en general es mala y la chela también. Volvería a Colombia pero para visitar lugares “más fríos”.

CHAU COLOMBIA, QUE CHIMBA DE PAIS!

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